Al ajetreado ritmo de vida, propicia que cada vez sean más las personas que busquen en los balnearios un respiro de salud. Estas instalaciones se caracterizan por ser entornos agradables, generalmente rodeados de naturaleza y que invitan al descanso y al relax, pero su principal atractivo son las propiedades medicinales de sus aguas, que sirven para tratar dolencias o prevenirlas.
 
El turismo de salud, que tan de moda está últimamente, tiene que ver con la necesidad de esta sociedad del estrés de encontrar un hueco para la tranquilidad, el descanso y el bienestar. Como centro neurálgico de esta alternativa de ocio, se encuentran los balnearios, que son establecimiento que dispone de aguas minero-medicinales, declaradas de Utilidad Pública, y servicio médico que prescribe los tratamientos e instalaciones adecuadas. Además, estos centros cuentan con un ambiente donde la naturaleza suele jugar un papel importante. 
 
Pero sin duda, el objetivo primordial cuando se visita un balneario es sumergirse en sus aguas medicinales para aprovechar todas las cualidades beneficiosas que los expertos consideran que puede aportar a nuestro organismo. 
 
Según la Asociación Nacional de Balnearios (ANBAL), las aguas minero-medicinales que se emplean en estas instalaciones están constituidas por una solución de elementos minerales que les proporcionan una serie de propiedades. Dependiendo de su composición, cada tipo de agua ejerce una acción diferente sobre el organismo. Por tanto, todos los balnearios no son iguales y no en todos ellos se tratan las mismas dolencias. 
 
La ANBAL establece la siguiente clasificación: las aguas sódicas son estimulantes; las solfeadas tienen una acción beneficiosa sobre la piel, el aparato respiratorio y locomotor; las ferruginosas son ricas en hierro, favorecen la regeneración de la sangre, mejoran los casos de anemia y actúan positivamente sobre las enfermedades de la piel, además de colaborar con los regímenes adelgazantes; las radioactivas, tienen efecto analgésico para combatir el estrés, la ansiedad y las depresiones; las sulfatadas son laxante y diuréticas; las bicarbonatadas resultan aconsejables para problemas del aparato digestivo; y las carbónicas estimulan el apetito y favorecen el buen funcionamiento del aparato circulatorio. 
 
En cuanto a la duración recomendada de un tratamiento balneoterápico, esta entidad explica que “cuando utilizamos el balneario para tratar determinados tipos de dolencias, para que sea eficaz, lo recomendable es entre 14 y 21 días de tratamiento. Pero cuando lo que se pretende es aliviar el estrés o descansar, los días de tratamiento pueden ser menores”. 
 
Un alivio para las enfermedades reumatológicas 
El agua termal beneficia de diversas maneras a aquellas personas que padecen una enfermedad reumática. Como asegura el portavoz de la Sociedad Española de Reumatología (SER) y reumatólogo del Hospital Universitario de Guadalajara, Jesús Tornero, además de su composición favorable, tiene una temperatura igual o superior a 20o C, lo que favorece la reducción del dolor y aumenta la satisfacción del paciente. 
 
Entre las razones que explican estos beneficios, el doctor Tornero describe: “la relajación muscular inducida por el calor; la disminución de la inflamación, se ha comprobado que permanecer 60 minutos en el agua termal disminuye la circunferencia de articulaciones inflamadas en los dedos de las manos en pacientes con artritis reumatoide; la reducción de la sensación dolorosa debido a los efectos de la presión hidrostática y la temperatura sobre las terminaciones nerviosas de las articulaciones; o algunas sustancias contenidas en el agua, como por ejemplo el radon, que podrían absorberse por la piel o inhalarse y tener un efecto analgésico e inflamatorio. Asimismo, en algunos estudios, se ha encontrado disminución en la sangre de sustancias que favorecen la inflamación (PGE2) o aumento de las que causan sensación de bienestar y analgesia (endorfinas)”. 
Este experto aconseja tomar baños en este tipo de aguas una vez cada 6 o 12 meses. Y, en general, sesiones que no superen los 60 o 90 minutos. 
 
Además de para los baños, estas aguas son muy interesantes para la práctica de ejercicios, “porque se piensa que el efecto beneficioso del agua termal, se acrecienta con la realización de movimientos y ejercicios dentro de la misma”, indica Tornero.

Aguas termales para la piel 
Las aguas termales por si mismas pueden mejorar la piel y calmar ciertas inflamaciones y ayudan a hidratarla. Las más útiles para el tratamiento de las enfermedades dermatológicas son las aguas sulfatadas y sulfurosas, que tienen azufre; las silicatadas, que incluyen sílice; y silicatos o las saladas, que contiene cloruro sódico, ya que estos minerales proporcionan efectos antiinflamatorios que ayudan a calmar el picor y mejorar las dermatosis. 
 
Por esta misma razón, no todos los balnearios están indicados para las enfermedades de la piel o disponen de los tratamientos para ellas. “Para el cuidado de la dermis y tratamiento de algunas enfermedades cutáneas la balnearioterapia comprende los baños en aguas minero-medicinales, en aguas termales y algunos tratamientos, como la aplicación de barros, compresas húmedas, duchas, etc. que aplica el personal especializado. Pero antes de acudir a un balneario es importante comprobar que sus aguas están indicadas para la enfermedad que se tiene y que están especializados en curas para la piel y sus enfermedades”, aconseja el vicepresidente de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), Miquel Ribera. 
 
También hay que tener en cuenta que la terapia termal no se emplea como una alternativa al tratamiento con medicamentos, “sino que se integra en el enfoque médico que permite, en ocasiones, usar menos medicamentos, por ejemplo disminuir el uso de dermocorticoides, y mejorar la calidad de vida de los enfermos. En caso de enfermedades en fase activa, en primer lugar, se usan tratamientos farmacológicos, que luego se complementan con las curas termales”, explica el doctor Ribera. 
 
Tratamientos dérmicos efectivos 

La balnearioterapia debe contemplarse como un complemento a los tratamientos de distintas enfermedades. Los baños por si solos no suelen ser suficientes para controlar la mayoría de enfermedades; además, es aconsejable que se realicen determinados tratamientos, “y nunca se olvide la aplicación posterior al baño de cremas emolientes para la piel”, indica el vicepresidente de la AEDV. 
 
Las enfermedades en las que están indicados estos tipos de tratamientos son la psoriasis y los eczemas, sobre todo el eczema atópico y los eczemas seniles relacionados con la piel seca, y la dermatitis seborreica. “También mejoran todas las enfermedades cutáneas en las que el estrés y el componente psicosomático juega un papel importante, en este caso no sólo debido a la composición del agua, sino por la relajación y desconexión con el entorno habitual que supone la estancia en un en un ambiente relajante y agradable como es un balneario y los baños”, señala el doctor Ribera. 
 
Y es que los balnearios sirven tanto para tratar dolencias o prevenirlas como para darse un respiro y recargar energía, en plena naturaleza, rodeados de silencio y paz, huyendo de la vida estresante de las ciudades y disfrutando de unas auténticas vacaciones de salud.

Fuente: www.sendasenior.com
Publicado en Salud
Un equipo de investigación del Departamento de Química de la Universidad de Granada (UGR), dirigido por Francisco Conejero Lara, está trabajando para intentar dar respuesta a la cuestión de en qué momento exacto tiene lugar la transformación que convierte una proteína sana en una capaz de desencadenar enfermedades como el cáncer, la diabetes o el Alzheimer.

Este interrogante, que estos especialistas han planteado en el proyecto de excelencia 'Aplicación de métodos rápidos en Resonancia Magnética Nuclear biomolecular al estudio de módulos proteicos de reconocimiento molecular', trata así de conseguir una "imagen nítida" que les permita visualizar "los cambios extremadamente rápidos que tienen lugar en las proteínas para comprender su funcionamiento", según ha informado este lunes en un comunicado la Fundación Descubre.

Para tal fin, este grupo de análisis tendrá que captar una imagen en movimiento y conseguir que no salga borrosa, por lo que, además de la destreza del fotógrafo, "se requiere de técnicas precisas y una buena cámara".

Así, y si se traslada esta premisa al campo de las técnicas para el estudio de macromoléculas, como las cadenas de aminoácidos que forman las proteínas, el elemento en movimiento sería la transformación que éstas experimentan, el fotógrafo sería el equipo de investigación de la UGR, la cámara serían los métodos de Resonancia Magnética Nuclear biomolecular (RNM) utilizados para el estudio de macromoléculas, y las técnicas precisas e innovadoras son las que este grupo de expertos desarrolla para mejorar la calidad de la imagen.

Según estos especialistas, la velocidad vertiginosa con la que suceden los procesos de plegamiento, agregación, flexibilidad y unión en las proteínas, les supone todo un desafío. Por ello, para mejorar la capacidad de observación de estos procesos, los investigadores tratan de incrementar el poder resolutivo de las técnicas existentes.

Así, a partir de técnicas rápidas de resonancia magnética nuclear pueden estudiar las partes o fragmentos de proteínas responsables de regular su función, denominados dominios modulares proteicos, que en combinación con métodos de intercambio Hidrógeno-Deuterio les permiten discernir qué parte de la proteína forma nuevas estructuras.

A través de estas aproximaciones metodológicas, agrega los especialistas en su nota, se persigue detectar con nitidez el momento exacto en que se producen las transformaciones proteicas.

En este sentido, el estudio de los fragmentos o dominios modulares proteicos que regulan las distintas funciones de las proteínas, facilita información sobre los múltiples procesos de transformación. Particularmente, estos investigadores se centran en el estudio de un tipo concreto de dominios, los SH3, por su implicación en enfermedades como el cáncer o el SIDA.

"Conocer a fondo cómo se originan estos procesos moleculares, cuál es el momento exacto que desencadena la desestructuración proteínica, qué factores la aceleran o reducen podría facilitar las claves para inhibir el proceso de formación de fibras causantes de enfermedades como Alzheimer, Parkinson, diabetes y cáncer, entre otras", destaca el investigador responsable del proyecto, Francisco Conejero, según recoge la Fundación Descubre. Más adelante, estos avances podrían servir de base para el desarrollo de una nueva ventana terapéutica.

DESESTRUCTURACIÓN DE PROTEÍNAS

Las proteínas son largas cadenas moleculares con una enorme diversidad y una multitud de funciones, pudiendo formar parte de la estructura celular, ser catalizadores de la mayoría de los procesos bioquímicos o viajar de un lugar a otro de las células, transportando información fundamental para la actividad del organismo.

La función de cada proteína depende, en gran medida, de la forma que adopta en el espacio. En algunos casos, sin embargo, las proteínas pierden esta forma al chocar con otras, se juntan, se retuercen y forman unos agregados, sin ninguna función, que crecen cada vez más para formar las llamadas fibras amiloides.

Esto provoca enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson y el Alzheimer, es el origen de las encefalopatías espongiformes, como el mal de las vacas locas y su variante en humanos (enfermedad de Creuzfeldt-Jacob), y también desencadena las disfunciones del páncreas que dan lugar a la diabetes tipo II.

Por todo ello, y según ha resaltado Conejero, "la comprensión detallada de los procesos de agregación ayudará en la identificación de nuevas rutas para tratar médicamente estas enfermedades en sus etapas iniciales".


Publicado en Alzheimer